Los bancos españoles
poseen más de 30.000 millones de euros en propiedades difíciles de vender y
tardarán unos 40 años en desbaratarse de ellas.
En la época en que la burbuja inmobiliaria era muy rentable
para las entidades financieros se dieron miles de hipotecas que iban a resultar
difíciles de cobrar. La Asociación de Afectados por Embargos y Subastas (AFES) señala
que una de cada cinco transacciones que se realizaron entre los 2004 y 2008 era
de alto riesgo. Estas hipotecas de alto riesgo no han podido ser devueltas y
los bancos se encuentran con un enorme depósito de inmuebles que no logran
vender, conocidos como activos tóxicos.