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Gatekeeper 2.0, seleccionando resultados

La gran preocupación tanto de gobiernos como de grandes multinacionales, grupos de presión, partidos políticos, organizaciones internacionales y demás organismos dependientes de la opinión pública con respecto a Internet ha sido la facilidad de publicar contenidos propios sin ningún tipo de control. La
La compañia utiliza algoritmos en sus filtros (cc Aray Chen).

Community Manager Marta Cañizares comenta al respecto que “Internet se ha convertido un auténtico paraíso para el mercado negro porque los gobiernos no saben cómo hacer frente a él. Mientras no haya ningún tipo de regulación, los empresarios seguirán haciendo lo que quieran”. Y en este sentido los empresarios han tomado una decisión que a muchos les parece controvertida: la inserción de filtros en las búsquedas y los perfiles de webs, buscadores y redes sociales.


Google, el gigante de los algoritmos complejos

Uno de los casos más alarmantes para los paranoicos de la privacidad sería Google que muestra los resultados de las búsquedas en función a parámetros personales de los usuarios, como el lugar de conexión, las páginas visitadas o los intereses marcados en su red social, Google +. El director Técnico de Gol Media, Luis Mayoral, comenta que en este tipo de filtros se tienen en cuenta parámetros como “lugar de procedencia, intereses, sitios que visitas, tiempo que pasas en cada uno de ellos o dónde participas” y “en el caso de Google se tenían en cuenta más de 30 parámetros distintos a la hora de servir la publicidad, así que algo parecido harán para filtrar el contenido que te sirven en las búsquedas”.
Pero, ¿cómo consigue Google todos estos datos sin que nos demos cuenta? ¿Cómo pueden obtener tantos parámetros incluso de los más recelosos de su actividad y privacidad en la red? Mayoral comenta que lo consiguen “con las búsquedas que vas realizando, o incluso sin realizar búsquedas, con los sitios que usen Analytics o Google Ads que vas visitando”. Así que cada vez que haces clic en una página y no en otra estás detallando y determinando aún más el perfil que tiene de ti Google.
El gran problema es, como indica Mayoral, que “igual que no es bueno leer solo un tipo de prensa para poder tener una visión global, tampoco es bueno que nadie decida por nosotros sobre qué páginas nos podrían interesar más o corresponderse más lo que nos gusta”.
Para evitar este tipo de filtros la solución no es ni sencilla, ni rápida ni mucho menos ampliamente conocida. Sin embargo, como señala Mayoral, “tienes la opción de desactivar el historial de búsquedas web cuando has iniciado sesión con tu usuario. De todas maneras, si uno es paranoico podría optar por usar anonimizadores tipo Tor”.

La ética que se esconde detrás

Muchos podrían pensar que lo lógico en estas situaciones es pedir explicaciones a los empresarios que dirigen estas empresas pero, como apunta Cañizares, “Internet se ha convertido un auténtico paraíso para el mercado negro porque los gobiernos no saben cómo hacer frente a él. Mientras no haya ningún tipo de regulación, los empresarios seguirán haciendo lo que quieran”. Y es que el principal objetivo y argumento para la creación y el mantenimiento de este tipo de filtros es la publicidad. Mayoral explicaba que “el principal propósito es ser capaces de segmentar mejor la publicidad, y por tanto, servir una publicidad más eficiente; […] cuanto mejor sementada, más cara se vende esa publicidad”. El ingeniero de Google, Javier Arias, explica que “el objetivo es que no sea preciso que el internauta nos diga qué está buscando sino que nosotros seamos capaces de decirle qué le conviene” y es precisamente esta función de filtro que han adquirido algunas redes sociales como Facebook la que tanto critican usuarios y sociólogos. Pero, tal y como comenta Cañizares, es complicado aventurar el futuro de estas estrategias sin saber si los gobiernos tienen pensado actuar al respecto y, mientras los algoritmos no violen las leyes establecidas (que son más bien pocas en la regulación de Internet y no hacen referencia a estos temas), los empresarios podrán sentirse (siéndolo) libres de hacer cuanto quieran a pesar del dilema moral que puede presentar la táctica empresarial. Además, explica que “es difícil romper esa barrera pero, en cierto modo, sacando el máximo partido a las herramientas de búsqueda y no centrándose en los principales motores se puede conseguir de manera satisfactoria traspasar esos filtros”, lo que crea la necesidad de que el usuario sea activo en este sentido y no permita que se realicen estas filtraciones de información. Además, las búsquedas no son capaces de filtrarse en función a la veracidad de la información que se publica por lo que el servicio a la comunidad que pretenden ejercer desde estas empresas o es nulo o está mal dirigido.
El experto en redes sociales y asesor del presidente estadounidense Barack Obama, Eli Pariser, realiza un análisis más concluyente: “la personalización invisible de las webs te hace pensar que tienes una visión total de un asunto, cuando lo que tienes es una visión distorsionada. Y a nivel social, esto se traduce en que cada vez resulta más difícil para la gente identificarse con distintos puntos de vista y tener un discurso democrático, lo que, al final, hace más complicado resolver los problemas sociales”.
A pesar de todo esto, el secretismo de los algoritmos y las políticas empresariales que se esconden detrás sumado a la imperiosa necesidad de los usuarios de sentirse en todo momento conectados deja en una muy lejana posición la idea de que una protesta generalizada se produzca para pedir el cambio de actitud de Google y compañía. Cañizares hacía una pregunta simple para esta cuestión: “¿cuántos cambios molestos has sufrido en Facebook y no por ello dejas de usarlo?”.

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