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Un luthier no es un seguidor de Lutero


 C/ Cabestreros en Lavapiés
Foto: Andrea Martínez Estévez


El título puede parecer un chiste malo para cualquier profesional, pero es una corrección que deben hacer habitualmente los profesores de Música de 2º de ESO en los exámenes de sus alumnos. Aclaraciones similares realiza a diario el propietario del nuevo negocio que ha abierto sus puertas en Lavapiés, Alfonso Madueño Brizuela, ya que el vocablo francés sobre la puerta: Luthier, no aclara demasiado sobre su profesión a la mayoría de los vecinos de la calle Cabestreros donde se asienta. De nada serviría que hubiese eliminado la “h” para adaptar la palabra a la grafía castellana como ha hecho la RAE; en España, pocos que no posean un instrumento de cuerda conocen el nombre del que los construye o repara.


Alfonso Madueño trabajando en su taller
Foto: Andrea Martínez Estévez

Defensor a ultranza de los oficios tradicionales, Madueño, que aprendió el oficio en Cremona, la patria de Stradivarius, el más prominente lutier de todos los tiempos, se resiste al uso de las nuevas tecnologías, algo cada vez menos habitual. Otro lutier, Xoan Manuel Tubío, constructor de zanfoñas e instrumentos de percusión en Outeiro de Rei (Lugo) ya las incluye en su trabajo: “el proceso es completamente artesanal, pero hago el diseño de los planos con autoCAD, utilizo programas de ordenador para todo el proceso contable y administrativo, y tengo mi página web como un escaparate para dar a conocer todo lo que hago fuera de Galicia, algo imprescindible en el mundo informatizado actual”. Pese a que algunos artesanos utilizan ya aparatos de corte láser o de control numérico, ambos se muestran contrarios a su uso. Los dos coinciden en la explicación que Alfonso Madueño pone en palabras apasionadas: “no es lo mismo trabajar o cortar con máquinas, porque la máquina no siente. La madera es un elemento vivo y es necesario el contacto de las manos para saber cómo va a reaccionar, como moldearla, como darle el espesor o la forma que quieres para cada pieza. Eso es lo que va a hacer que cada instrumento sea único, pero al mismo tiempo, que todos los de un determinado artesano sean identificables y lo que garantiza el futuro de la profesión".    

En proceso de fabricación
Foto: Andrea Martínez Estévez
Desde el punto de vista de la clientela, el profesor de viola del Conservatorio profesional Joaquín Turina de esta capital, Ignacio González de la Cuesta, explica que la relación del músico con el luthier, además de como proveedor de instrumentos y asesor, es similar a la que tiene con su médico: “acudes a él cuando tienes problemas de cualquier tipo, desencoladuras, fisuras, en caso de accidentes…”. Y añade: “aunque no todos lo hacemos, es conveniente llevarles el instrumento de vez en cuando para hacer una limpieza a fondo y para restaurar el desgaste en las zonas de mayor contacto con la mano y el cuello”. Y finaliza citando al grupo argentino Les Luthiers que han creado los instrumentos más imaginativos e hilarantes de la historia de la música, desde el latín o violín de lata, al nomeolbidet, pasando por el yerbomatófano d’amore, entre otros muchos.  








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